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Biografías: Giovanni Segantini (1858-1899)


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Foto, 1899

Giovanni Battista Emanuele Maria Segatini, quien posteriormente modificaría su apellido a Segantini, nació el quince de enero de mil ochocientos cincuenta y ocho en la localidad de Arco, situada en la región del Trentino, bajo la jurisdicción administrativa del Imperio Austrohúngaro. Hijo de Agostino Segatini, un comerciante de condiciones económicas sumamente inestables, y de Margarita de Girardi, su primera infancia estuvo marcada por la precariedad y la tragedia familiar, culminando con el fallecimiento de su madre en el año de mil ochocientos sesenta y cinco. Tras esta pérdida, su padre lo trasladó a la ciudad de Milán, donde quedó bajo la custodia legal de su media hermana Irene, fruto de un matrimonio anterior de su progenitor. La falta de recursos y una profunda negligencia doméstica provocaron que el joven pasara gran parte de su tiempo deambulando por las calles milanesas, lo que derivó en su arresto por vagancia por parte de las autoridades locales en el año de mil ochocientos setenta.

Fue internado en el reformatorio Marchiondi, una institución correccional de régimen estricto donde permaneció hasta mil ochocientos setenta y tres, periodo durante el cual realizó varios intentos fallidos de fuga y fue obligado a aprender el oficio básico de zapatero para contribuir al sostenimiento del establecimiento. Al salir del reformatorio, se trasladó temporalmente a Borgo Valsugana para residir con su medio hermano Napoleone, quien administraba un taller de fotografía, lugar donde el joven pintor adquirió nociones sobre la captura de imágenes y la composición visual elemental. En mil ochocientos setenta y cuatro regresó a Milán y comenzó a trabajar como asistente en el taller de Luigi Tettamanzi, un pintor artesanal dedicado a la producción de carteles comerciales, estandartes religiosos y decoraciones murales básicas. Esta experiencia práctica le permitió reunir los fondos mínimos para inscribirse, en el año de mil ochocientos setenta y cinco, en los cursos nocturnos de la Academia de Bellas Artes de Brera, donde cursó asignaturas de dibujo elemental y ornamentación arquitectónica. Durante el día, para financiar sus materiales de pintura y el alquiler de una habitación precaria, trabajaba para el decorador local Molteni. Entre mil ochocientos setenta y ocho y mil ochocientos setenta y nueve, logró acceder a los cursos diurnos regulares de pintura bajo la dirección del maestro Giuseppe Bertini, entablando relaciones con creadores como Emilio Longoni.

Su subsistencia durante estos años académicos dependió de pequeños encargos comerciales y de la venta informal de bocetos. En mil ochocientos setenta y nueve, finalizó su primera obra al óleo de gran envergadura titulada "El coro de la iglesia de Sant'Antonio", un lienzo que evidenciaba un manejo técnico riguroso de la perspectiva espacial. La obra fue expuesta en la exhibición anual de Brera, atrayendo de inmediato la atención del influyente crítico, marchante y empresario artístico Vittore Grubicy de Dragon. Grubicy identificó el potencial comercial del joven y le propuso un contrato de exclusividad absoluta que estipulaba el pago de una asignación mensual fija a cambio de la propiedad de toda su producción artística, un acuerdo financiero que determinó la salida definitiva de Segantini de la academia sin obtener un título formal, transformando por completo su estructura de vida y sus ingresos económicos.

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El coro de la iglesia de San Antonio, 1879/div>

En el año de mil ochocientos ochenta y uno, tras consolidar su alianza comercial con la galería Grubicy, el artista modificó formalmente su apellido de Segatini a Segantini y tomó la determinación de abandonar el núcleo urbano de Milán con el objetivo de reducir drásticamente sus costes de vida. Se estableció en la región rural de Brianza acompañado por Luigia Pierina Bugatti, conocida familiarmente como Bice, hermana de su compañero de estudios y posterior diseñador de mobiliario Carlo Bugatti. Debido a que Segantini carecía de documentos oficiales de ciudadanía y estaba registrado legalmente como un súbdito austrohúngaro apátrida sin pasaporte válido, la pareja se vio imposibilitada para contraer matrimonio civil o religioso, una condición de irregularidad legal que persistió durante toda su existencia y que obligó a que todos los contratos inmobiliarios y cuentas bancarias posteriores se gestionaran a nombre de terceros.

En Brianza, la estructura familiar se expandió de manera acelerada con el nacimiento de sus hijos: Gottardo en mil ochocientos ochenta y dos, Alberto en mil ochocientos ochenta y tres, Mario en mil ochocientos ochenta y cinco, y Bianca en mil ochocientos ochenta y seis. Este incremento en el número de dependientes directos elevó sustancialmente sus gastos corrientes, profundizando su subordinación financiera hacia los hermanos Grubicy. El acuerdo económico original estipulaba una entrega mensual de aproximadamente ciento cincuenta liras, una cantidad que resultó crónicamente insuficiente para cubrir el alquiler de las fincas, las herramientas de pintura y el sustento de la familia, lo que forzó al pintor a solicitar constantes adelantos en efectivo.

En mil ochocientos ochenta y dos, motivado por el nacimiento de su primogénito y la necesidad de plasmar escenas de la vida cotidiana rural, adaptó una embarcación pesquera en el lago Pusiano para utilizarla como estudio flotante, dando inicio a la ejecución de la primera versión de "Ave María en trasbordo", donde su propia familia sirvió como modelo directo en el agua. La inestabilidad financiera y el acoso de los acreedores locales lo obligaron a mudar su residencia de forma recurrente dentro de la misma región, habitando sucesivamente en las localidades de Carella, Pusiano y Veduggio. En mil ochocientos ochenta y tres, la presión por las deudas acumuladas lo llevó a firmar un nuevo documento contractual de carácter draconiano con Vittore y Alberto Grubicy, mediante el cual cedía formalmente la gestión de sus derechos de exhibición internacional, la fijación de los precios de venta y la selección de los marcos a cambio de que la galería asumiera el pago directo a sus proveedores de alimentos y arrendadores, convirtiendo su producción artística futura en una garantía prendaria permanente para saldar su insolvencia económica crónica.

Con la finalidad de evadir la presión legal de los acreedores en territorio italiano y buscando un entorno geográfico que abaratara sus costes operativos, Segantini organizó en agosto de mil ochocientos ochenta y seis el traslado definitivo de su familia hacia Suiza, instalándose en Savognin, un poblado de alta montaña en el cantón de los Grisones. Este cambio geográfico coincidió con una profunda reestructuración administrativa de sus ingresos; en mil ochocientos ochenta y siete, la sociedad comercial entre los hermanos Grubicy se disolvió formalmente, dividiendo la gestión sobre la obra del pintor. Alberto Grubicy asumió la administración financiera exclusiva de los contratos, mientras que Vittore retuvo la asesoría crítica y la promoción internacional. Esta división generó severas discrepancias en los balances de cuentas del artista, culminando en la firma de un nuevo contrato en mil ochocientos ochenta y oro, el cual introdujo un sistema de retribución económica basado estrictamente en los metros cuadrados de lienzo finalizados, una métrica que obligó a Segantini a incrementar de manera drástica su ritmo de trabajo estacional.

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Ave María en transbordo (segunda versión), 1886

En mil ochocientos ochenta y ocho, su proyección internacional experimentó un avance significativo cuando la segunda versión de "Ave María en trasbordo", ejecutada íntegramente en Savognin tras el deterioro de la primera versión, obtuvo la medalla de oro en la Exposición Internacional de Ámsterdam. A pesar del aumento inmediato en el valor de mercado de sus obras, la liquidez de la familia no mejoró debido a las deudas históricas de la década anterior. Su estatus de extranjero apátrida continuó generando trabas burocráticas severas; las autoridades cantonales suizas sometieron a la familia a una vigilancia estricta, exigiéndoles depósitos de garantía en efectivo para renovar los permisos temporales de residencia y denegando de forma sistemática sus solicitudes de naturalización por considerarlo un residente sin solvencia patrimonial demostrable. Para cumplir con los plazos de entrega impuestos por la galería, Segantini adoptó una rutina de trabajo al aire libre en condiciones climáticas adversas, lo que determinó la ejecución de obras como "El castigo de la lujuria" en mil ochocientos noventa y uno y "Las malas madres" en mil ochocientos noventa y cuatro. Ambas producciones estuvieron ligadas directamente a un hito biográfico y psicológico fundamental: su fijación obsesiva con la figura materna derivada de la temprana pérdida de su propia madre durante su niñez, un trauma recurrente en sus apuntes personales. Hacia mil ochocientos noventa y tres, el descontento del pintor con las liquidaciones financieras de Alberto Grubicy provocó una ruptura parcial, motivándolo a buscar de manera independiente contactos comerciales directos con marchantes de Alemania y Austria para eludir el monopolio milanés.

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Las malas madres, 1894

En el año de mil ochocientos noventa y cuatro, determinado a romper el control absoluto de la galería italiana y consolidar su posición en el mercado centroeuropeo, Segantini trasladó a su familia a Maloja, un paso de alta montaña en la región de la Engadina, donde arrendó el Chalet Kuoni, una propiedad de grandes dimensiones. Esta mudanza marcó el inicio de una etapa caracterizada por un incremento desmedido en sus gastos personales que contrastaba con su falta de liquidez real; el pintor decoró la villa con mobiliario costoso y asumió un presupuesto doméstico elevado que generó de inmediato nuevas deudas con los comerciantes suizos y entidades bancarias de Coira. Para sostener este estilo de vida, formalizó acuerdos financieros directos con las Secesiones de Viena, Múnich y Berlín, recibiendo sustanciales adelantos en efectivo que destinó de forma inmediata a la ampliación de sus terrenos y a la educación privada de sus cuatro hijos.

En mil ochocientos noventa y seis, impulsado por la perspectiva de un beneficio económico masivo, inició un ambicioso proyecto comercial para la Exposición Universal de París de mil novecientos: la construcción de un pabellón circular denominado el Panorama de la Engadina, diseñado para albergar un lienzo continuo de doscientos veinte metros que representaría el paisaje alpino. El pintor logró asegurar un financiamiento inicial por parte de sociedades hoteleras y patronatos de turismo locales; sin embargo, para mil ochocientos noventa y siete, el encarecimiento descontrolado de los costes de ingeniería civil provocó el colapso financiero total de la empresa del pabellón, obligando a Segantini a reformular el proyecto de manera independiente en una escala menor que dio origen al Tríptico de los Alpes, compuesto por las telas tituladas "La vida", "La naturaleza" y "La muerte". Este fracaso corporativo lo dejó legalmente expuesto a demandas de contratistas y acreedores.

En septiembre de mil ochocientos noventa y veintinueve, ante la presión perentoria de sus nuevos representantes comerciales para entregar el tríptico terminado para las exhibiciones internacionales programadas, el artista ascendió a una altitud de dos mil setecientos treinta y un metros en el monte Schafberg, instalándose en una cabaña de madera precaria para pintar directamente del natural bajo tormentas de nieve. El dieciocho de septiembre de mil ochocientos noventa y nueve comenzó a manifestar dolores abdominales agudos que decidió ignorar para no interrumpir el trabajo en los lienzos; su estado físico empeoró con rapidez debido al aislamiento climático y, cuando el médico Oskar Bernhard logró acceder a la remota cabaña el veintisiete de septiembre, la apendicitis había evolucionado a una fase irreversible. Giovanni Segantini falleció a causa de una peritonitis aguda el veintiocho de septiembre de mil ochocientos noventa y nueve a los cuarenta y un años de edad, dejando a su grupo familiar en una condición de absoluta desprotección legal, sin ciudadanía, agobiados por ejecuciones hipotecarias y enfrentando órdenes inmediatas de desahucio del Chalet Kuoni por parte de los acreedores testamentarios.


Resumen de los libros "Lettere e scritti sull'arte", de Lorella Giudici; "Giovanni Segantini: Ein psychoanalytischer Versuch", de Karl Abraham; y "Segantini. Trent'anni di vita artistica europea nei carteggi inediti dell'artista e dei suoi mecenati", de Annie-Paule Quinsac.




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