
Gentile di Niccolò di Giovanni di Massio, conocido como Gentile da Fabriano, nació en Fabriano, en la región de las Marcas, en una fecha que se sitúa entre aproximadamente 1360 y 1370. Era hijo de Niccolò y de una mujer llamada Talia, y provenía de una familia que tenía cierta presencia dentro de la vida ciudadana. Su abuelo Giovanni di Massio había ejercido cargos de responsabilidad en la cofradía local de Santa Maria del Mercato, y su padre aparecía vinculado a instituciones religiosas y civiles de la ciudad, lo que permitía a la familia mantener relaciones relativamente estables en el entorno social de Fabriano. La muerte temprana de su madre y el ingreso posterior de su padre en un convento marcaron su juventud, configurando un contexto familiar que obligó a Gentile a definir por su cuenta el rumbo de su vida adulta. Aunque no se conocen documentos que indiquen quién lo formó como pintor, la presencia en Fabriano de talleres activos, como el de Allegretto Nuzi, ofrece un marco posible para su aprendizaje inicial, en una ciudad donde la cultura visual tenía un peso consolidado desde mediados del siglo XIV.
Las primeras noticias firmes sobre su actividad como pintor corresponden al año 1408, cuando ya estaba trabajando en Venecia al servicio de Francesco Amadi, para quien realizaba una tabla destinada a un retablo. Para entonces, Gentile llevaba un tiempo instalado en la ciudad, donde había comenzado a abrirse camino en un ambiente artístico dinámico y disputado, vinculado tanto a encargos públicos como privados. Venecia ofrecía oportunidades amplias para un pintor que buscaba afirmarse, y Gentile aprovechó ese escenario para integrarse a círculos profesionales que valoraban la decoración refinada y la elaboración minuciosa que caracterizaría su trayectoria.

En 1409 participó en la gran decoración de la Sala del Maggior Consiglio del Palacio Ducal, un encargo de relieve político y ceremonial. Las pinturas que realizó allí no han sobrevivido, pero su intervención formó parte de un programa en el que trabajaban artistas destacados, lo que indica que Gentile ya gozaba de una reputación suficiente como para incorporarse a proyectos de gran visibilidad. En esos mismos años mantuvo vínculos con artistas como Pisanello y probablemente con Michelino da Besozzo, relaciones que ampliaron su red profesional y lo acercaron a los intereses decorativos de las cortes del norte de Italia.
A comienzos de la década de 1410 trabajó en un políptico para el eremitorio de Valle Romita, una obra asociada a ese período y que muestra el tipo de encargos que recibía de comunidades religiosas de la región. Su capacidad para responder tanto a necesidades devocionales como a programas más públicos consolidó su reputación más allá de Venecia. Entre abril de 1414 y septiembre de 1419 residió en Brescia, donde había sido llamado por Pandolfo III Malatesta. Allí realizó la decoración de una capilla en el antiguo Broletto, un trabajo que le aseguró estabilidad durante varios años, en un ambiente donde los Malatesta buscaban afirmarse como promotores culturales.

En septiembre de 1419 dejó Brescia con la intención de dirigirse hacia el lugar donde se encontraba el papa Martín V, que en ese período transitaba de forma prolongada por Florencia. Gentile se instaló allí durante varios años, en un momento en que la ciudad era uno de los centros artísticos más activos de Italia. El 21 de noviembre de 1422 se inscribió en la Arte dei Medici e Speziali, el gremio al que debían pertenecer los pintores. Su aceptación dentro del gremio confirma su integración en la vida profesional florentina, que solía exigir cierta estabilidad y una red de contactos sólida para acceder a encargos de envergadura.
Durante su etapa florentina recibió algunos de los encargos más importantes de su carrera. Para Palla Strozzi realizó la célebre "Adoración de los Magos", concluida en 1423 para la iglesia de Santa Trinita. La firma que dejó en la predela permite datar con seguridad el final de ese trabajo. Años después, en 1425, terminó un políptico para la familia Quaratesi, destinado al altar mayor de San Niccolò sopr’Arno. La dispersión actual de ese retablo —con partes conservadas en distintos museos— muestra la compleja historia de preservación de la obra, pero las circunstancias del encargo permiten situarlo con precisión dentro del período florentino de Gentile.
En el verano de 1425 se encontraba en Siena, donde trabajó para los notarios de la ciudad. La pintura que realizó allí no se conserva, pero el breve paso por Siena forma parte de los desplazamientos constantes que marcaron su vida adulta, en una etapa en la que los encargos lo llevaban de una ciudad a otra con rapidez. En octubre de ese mismo año se trasladó a Orvieto, donde realizó un fresco con la Virgen y el Niño para la catedral. Aunque su paso por Orvieto fue breve, forma parte del circuito de trabajos que permitían a Gentile mantener presencia en diferentes centros artísticos y religiosos de Italia central.
Hacia el final de su vida se estableció en Roma. Allí participó en la realización de un ciclo de frescos en la basílica de San Juan de Letrán, dedicado a episodios de la vida de San Juan Bautista. El proyecto tenía un carácter solemne y estaba asociado a la restauración de la autoridad papal tras el largo período de crisis del siglo XIV. Gentile trabajó en estos frescos durante los últimos meses de su vida, pero no llegó a completarlos. La muerte lo sorprendió en Roma entre agosto y octubre de 1427, cuando aún estaba activo en el encargo.

Las circunstancias de su fallecimiento no están registradas con detalle, y su tumba no se conserva. Tradicionalmente se lo ha asociado a la iglesia de Santa Maria Nuova en Campo Vaccino, aunque no existen testimonios materiales que confirmen ese lugar de enterramiento. Aun así, la continuidad de su trabajo en Roma durante sus últimos meses indica que se mantuvo activo prácticamente hasta el final de su vida, en un período en el que alternaba responsabilidades vinculadas a encargos papales con relaciones en el entorno artístico romano.
Gentile llevó una vida caracterizada por los viajes y por una constante capacidad de adaptación a los contextos en los que trabajó. Su trayectoria adulta lo llevó a instalarse temporalmente en Venecia, Brescia, Florencia, Siena, Orvieto y Roma, lo que implicaba mantener contactos con mecenas locales, comunidades religiosas, familias influyentes y magistraturas comunales. Esta movilidad no sólo respondía a la búsqueda de encargos, sino también a la reputación que había construido: era un pintor requerido por instituciones diversas y por ciudades que buscaban atraer a artistas capaces de realizar proyectos de alto nivel técnico y decorativo.
La dispersión geográfica de las obras que llevó a cabo y la pérdida de algunas de las más importantes —como los frescos del Palacio Ducal en Venecia o parte del ciclo romano— hacen que la reconstrucción de su vida dependa de la cronología de sus desplazamientos y de los encargos que recibió, antes que de un conjunto continuo de obras conservadas. Sin embargo, los testimonios documentales que lo sitúan en cada ciudad permiten establecer un recorrido claro: Fabriano en su juventud, Venecia en los años iniciales de su afirmación profesional, Brescia como etapa estable y prolongada, Florencia como momento de prestigio y visibilidad, y Roma como cierre de su actividad artística.