Orazio Lomi, conocido en la historia del arte como Orazio Gentileschi, nació en la ciudad de Pisa en el año 1563, recibiendo las aguas bautismales el 9 de julio en la catedral de dicha ciudad. Su entorno formativo inicial estuvo profundamente vinculado a la tradición artesanal de la Toscana, pues era hijo de Giovanni Battista Lomi, un orfebre florentino de gran destreza técnica que estableció su taller en Pisa. Orazio creció en un ambiente donde la precisión del metal y la química de los materiales eran parte de la cotidianidad, trabajando junto a sus hermanos Aurelio y Baccio Lomi, quienes también se dedicarían a las artes plásticas. Hacia finales de la década de 1570, aproximadamente entre 1576 y 1578, Orazio tomó la decisión de trasladarse a Roma, una ciudad que vivía un auge constructivo y decorativo bajo los diversos pontificados de la época. Para facilitar su inserción en el complejo sistema de gremios romanos y distanciarse de la identidad gremial de su familia en Pisa, adoptó el apellido de su tío materno, convirtiéndose oficialmente en Orazio Gentileschi.
Se instaló inicialmente bajo la tutela de este tío, quien ejercía funciones de mando militar en el Castillo Sant'Angelo, lo que le proporcionó una base de seguridad y ciertos contactos en los estratos administrativos del Vaticano. Sus primeros registros laborales en Roma lo sitúan como un colaborador técnico en los grandes ciclos de frescos iniciados por el papa Sixto V. Trabajó de manera activa en la decoración de la Biblioteca Vaticana, la Scala Santa y la basílica de Santa Maria Maggiore, donde su labor consistía en la ejecución de figuras secundarias, ángeles y elementos ornamentales que requerían una técnica de aplicación de pigmento sobre muro seco de alta resistencia. En el plano personal, su estabilidad económica le permitió contraer matrimonio hacia 1590 con Prudenzia di Ottaviano Montone, una mujer de origen romano. La pareja estableció su residencia en la zona de la vía Paolina, un sector estratégico que permitía el acceso rápido a los talleres del centro y donde la comunidad de artistas extranjeros comenzaba a consolidar sus redes de apoyo. De este matrimonio nacieron varios hijos: Artemisia en 1593, Juan Bautista en 1595, Francesco en 1597, Giulio en 1599 y Marco en 1604. Los registros de la parroquia de San Lorenzo in Lucina detallan los bautismos de la prole, reflejando una estructura familiar sólida pero demandante en términos financieros. Durante estos años, Orazio alternó contratos públicos para iglesias como San Juan de Letrán con pequeños encargos de orfebrería y pintura de caballete para la nobleza local, logrando un equilibrio de ingresos que le permitió sostener un hogar numeroso hasta la muerte de su esposa Prudenzia en el año 1605, evento que lo dejó como único responsable de la crianza y formación profesional de sus hijos en un entorno romano cada vez más competitivo.
La segunda etapa de la vida de Orazio en Roma estuvo marcada por una creciente litigiosidad y por la consolidación de su taller como una unidad de producción familiar. En el año 1603, Orazio fue protagonista de uno de los procesos judiciales más célebres de la época, cuando el pintor Giovanni Baglione presentó una querella criminal por difamación contra él, Caravaggio y Onorio Longhi. Durante las comparecencias ante el tribunal, Orazio debió declarar bajo juramento sobre sus posesiones y sus relaciones personales, admitiendo que solía prestar sus herramientas de trabajo y vestimentas a Caravaggio, lo que demuestra una camaradería profesional basada en el intercambio de recursos técnicos. En su inventario personal de aquel año figuraba una armadura completa y una espada, objetos que utilizaba para proyectar una imagen de estatus superior en las calles de Roma.
Tras la muerte de su esposa, el taller de Orazio se convirtió en un espacio de clausura productiva donde su hija Artemisia comenzó a recibir una educación técnica inusual para las mujeres de la época, aprendiendo a moler colores, preparar imprimaciones de aceite y plomo, y a manejar el barniz de almáciga. Esta dinámica se vio violentamente interrumpida en 1611 por el suceso biográfico más documentado de su carrera: la violación de Artemisia a manos de Agostino Tassi, un pintor de arquitecturas al que Orazio había contratado para colaborar en el Casino delle Muse del palacio Pallavicini-Rospigliosi. En marzo de 1612, Orazio presentó una denuncia ante el tribunal del Auditor Camerae, iniciando un proceso que duró siete meses y que incluyó interrogatorios exhaustivos a colaboradores como Cosimo Quorli y la partera Tuzia. Los documentos del juicio revelan no solo la agresión, sino también el robo de obras de arte del taller de los Gentileschi por parte de Tassi y sus cómplices. La defensa de la honra familiar consumió gran parte de los ahorros de Orazio, quien finalmente logró que Tassi fuera condenado al exilio, aunque la sentencia nunca se ejecutó con rigor.
Inmediatamente después del veredicto, en noviembre de 1612, Orazio organizó el matrimonio de conveniencia de Artemisia con el pintor florentino Pierantonio Stiattesi, pagando una dote que afectó seriamente su liquidez. Ante la hostilidad del ambiente romano post-juicio, Orazio se trasladó a las Marcas entre 1613 y 1619, estableciéndose principalmente en Fabriano. Allí, los libros de cuentas de la catedral de San Venanzio registran pagos periódicos por la decoración de la capilla del Santísimo Sacramento, un trabajo que le permitió recuperar su posición económica. Durante este retiro forzado en las provincias, Orazio perfeccionó la gestión logística de sus encargos, enviando a sus hijos varones a diferentes ciudades para asegurar contratos y supervisar la entrega de lienzos de gran formato destinados a cofradías locales y nobles de la zona de Ancona, garantizando así la supervivencia de su estructura doméstica fuera de la capital.
El año 1621 representó una transformación radical en el alcance geográfico de la carrera de Orazio, cuando aceptó la invitación del noble Giovanni Antonio Sauli para trasladarse a Génova. Esta ciudad, uno de los centros financieros más potentes de Europa, le ofreció un mercado de coleccionismo privado que valoraba la sofisticación matérica de sus obras. Residió en Génova durante tres años, tiempo en el cual su situación financiera alcanzó niveles de prosperidad que nunca había conocido en Roma o en las Marcas. Los contratos con la familia Sauli incluían no solo el pago por los lienzos, sino también el alojamiento en palacios y el suministro de materiales costosos como el azul de ultramar natural.
Su taller en Génova funcionó como un centro de alta productividad donde se ejecutaron versiones de sus temas más exitosos para las galerías de los Grimaldi y los Doria, consolidando una red de clientes que incluía a la alta aristocracia ligur. En 1624, impulsado por una ambición de reconocimiento cortesano internacional, Orazio se trasladó a París, respondiendo a las gestiones diplomáticas que buscaban artistas para la corte de la reina madre María de Médicis. Su estancia en Francia, aunque breve, fue fundamental para su transición de pintor de iglesias a pintor de monarcas. En París, Orazio debió navegar por la burocracia de la Casa Real francesa, recibiendo estipendios directos para su manutención y la de sus asistentes. Sin embargo, la competencia con los artistas locales y la inestabilidad política de la regencia francesa lo llevaron a considerar una oferta más estable proveniente de Inglaterra. A través de la mediación de George Villiers, primer duque de Buckingham, quien había conocido la obra de Orazio durante sus misiones diplomáticas, se organizó su traslado a Londres.
En septiembre de 1626, Orazio desembarcó en la capital inglesa acompañado por sus hijos Francesco, Giulio y Marco, quienes para entonces actuaban como secretarios y asistentes técnicos de su padre. El rey Carlos I lo recibió con honores inusuales, asignándole una pensión vitalicia de 100 libras anuales, una suma que superaba los ingresos de la mayoría de los artistas locales de la época. Se le proporcionó una residencia oficial en York House, la propiedad del duque de Buckingham en el Strand, donde Orazio instaló un taller equipado con prensas y telares de gran escala. Los registros de la aduana londinense muestran la importación de grandes cantidades de aceites y pigmentos italianos por parte de los Gentileschi, quienes se esforzaron por mantener la calidad técnica de sus obras en un entorno donde los materiales eran a menudo de inferior calidad, consolidando así su posición como el pintor extranjero más influyente de la corte inglesa antes de la llegada de Van Dyck.
Los últimos trece años de la vida de Orazio Gentileschi en Londres estuvieron definidos por un aislamiento aristocrático y una producción centrada casi exclusivamente en los palacios reales de los Estuardo. A pesar de los constantes ataques de Balthazar Gerbier, un agente del duque de Buckingham que intentó socavar su prestigio acusándolo de lentitud y de malversar los fondos destinados a materiales, Orazio mantuvo el favor absoluto de Carlos I y de la reina Enriqueta María. Los documentos de la Tesorería Real registran pagos detallados por obras destinadas a la Queen’s House en Greenwich, donde Orazio se comprometió a realizar un complejo ciclo de nueve paneles para el techo de la Gran Sala. Para este proyecto, que requería una logística de andamiaje y preparación de lienzos sin precedentes en su carrera, Orazio recibió adelantos significativos que utilizó para contratar personal de servicio doméstico y especialistas en carpintería para los marcos dorados.
En 1638, consciente de su avanzada edad y del deterioro de su salud, Orazio solicitó el apoyo de su hija Artemisia, quien viajó desde Nápoles hasta Londres para asistir a su padre en la conclusión de sus últimos encargos. Esta colaboración final permitió completar las alegorías de la Gran Sala de Greenwich, un encargo que se había retrasado durante años debido a la salud física del artista. La vida cotidiana de Orazio en Somerset House, donde residía en sus últimos años, era la de un hombre de gran dignidad que vestía sedas y terciopelos, según describieron visitantes extranjeros en sus diarios. Sin embargo, su fortuna era más aparente que real, pues los retrasos en los pagos de la Corona inglesa debido a las tensiones parlamentarias previas a la guerra civil lo obligaron a contraer deudas sustanciales para mantener su nivel de vida cortesano.
Orazio falleció en Londres el 7 de febrero de 1639, tras una breve pero intensa afección febril que le impidió concluir sus últimos proyectos menores de decoración. Fue enterrado con honores en la capilla católica de la Reina en Somerset House, un privilegio excepcional que testimonia su estatus en la corte. Tras su muerte, se inició un largo proceso legal por parte de sus hijos Francesco y Giulio para reclamar las deudas pendientes que el Estado inglés mantenía con el taller de su padre; los inventarios judiciales realizados tras su fallecimiento detallan una colección de joyas, medallas conmemorativas y un vestuario costoso, pero también una serie de facturas impagadas a proveedores de pigmentos y carpinteros. Artemisia permaneció en Londres el tiempo suficiente para liquidar los asuntos sucesorios y asegurar la transferencia de los bienes de su padre a sus hermanos, regresando a Italia poco después. La trayectoria de Orazio terminó así como una de las más cosmopolitas del siglo XVII, habiendo logrado transmutar su origen como hijo de un orfebre pisano en una vida de pintor de cámara en las cortes más poderosas de Europa, dejando tras de sí un rastro documental que une los archivos de los tribunales romanos con los libros de pagos de la monarquía británica.