Virginie Élodie Marie Thérèse Demont-Breton nació el 26 de julio de 1859 en el municipio de Courrières, situado en el departamento del Paso de Calais, en el norte de Francia. Fue la primogénita del matrimonio formado por el pintor naturalista Jules Breton y Élodie de Vigne. Su entorno familiar estaba profundamente arraigado en la tradición artística europea de mediados del siglo XIX. Por línea materna, era nieta del pintor e historiador del arte belga Félix de Vigne y sobrina del escultor Paul de Vigne. Su tío paterno, Louis Breton, también se dedicaba al arte y colaboraba estrechamente con la editorial Hachette. Esta herencia cultural determinó que su educación no siguiera los cauces institucionales convencionales de la época, ya que el acceso de las mujeres a las escuelas oficiales de bellas artes estaba prohibido. Virginie recibió su instrucción técnica íntegramente de manos de su padre en su taller de Courrières. Durante su niñez y adolescencia, presenció el proceso creativo de su progenitor y de numerosos artistas que visitaban la residencia familiar, lo que le permitió adquirir un conocimiento profundo de la anatomía, la perspectiva y el manejo de los pigmentos. Además de su formación técnica, recibió una educación humanista que incluía el aprendizaje de idiomas y literatura, lo que más tarde facilitaría su faceta como escritora.
En el año 1879, a la edad de veinte años, Virginie Demont-Breton realizó su debut oficial en el Salón de París, donde fue aceptada por el jurado y marcó el inicio de su carrera profesional en la esfera pública. Al año siguiente, en 1880, volvió a exponer en el Salón y obtuvo una mención de honor por su trabajo, un reconocimiento temprano que validó su posición en el circuito artístico francés. Ese mismo año se produjo un acontecimiento fundamental en su vida personal y profesional: el 28 de enero de 1880, contrajo matrimonio con Adrien Demont, un joven pintor paisajista que se formaba bajo la tutela de Jules Breton. El matrimonio se celebró en Courrières y la pareja decidió establecer su residencia inicial en la localidad de Montgeron, cerca de París, para estar próxima a los centros de exposición y comercio de arte, aunque manteniendo siempre un vínculo estrecho con la región del Paso de Calais. En 1881, Virginie consolidó su estatus al obtener una medalla de segunda clase en el Salón de París por su obra titulada "La Famille" (que desafortunadamente fue destruída en la 2da Guerra Mundial), un logro que le otorgó la condición de "hors concours", permitiéndole exponer en el futuro sin pasar por el proceso de selección del jurado.
La década de 1880 fue un periodo de gran expansión familiar y profesional. En 1881 nació su primera hija, Louise, seguida de Adrienne en 1883 y Élodie en 1886. A pesar de las responsabilidades derivadas de la maternidad en una época que solía relegar a la mujer al ámbito doméstico tras el matrimonio, Virginie mantuvo un ritmo de producción constante. En 1883, recibió una medalla de oro en la Exposición Internacional de Ámsterdam, un reconocimiento que proyectó su nombre más allá de las fronteras de Francia. Durante estos años, la familia alternaba su estancia en Montgeron con frecuentes viajes a la costa norte. En 1886, presentó en el Salón la obra Le Bain, en la cual utilizó a sus propias hijas como modelos, una práctica que se volvería recurrente en su carrera para documentar el crecimiento de su prole. Su vida cotidiana estaba marcada por una disciplina rigurosa; sus diarios de aquel entonces detallan cómo organizaba las horas de luz para el trabajo en el taller mientras gestionaba la economía del hogar. En 1889, su cuadro L'Homme est en mer fue expuesto en el Salón y posteriormente en la Exposición Universal de París, donde obtuvo una medalla de plata. Esta obra alcanzó una notoriedad singular cuando Vincent van Gogh, durante su estancia en el asilo de Saint-Paul-de-Mausole en 1889, realizó una copia al óleo basada en una reproducción de la obra de Demont-Breton.
Hacia el final de 1889, tras visitar la pequeña aldea de pescadores de Wissant en la Costa de Ópalo, el matrimonio Demont-Breton decidió que ese sería el lugar para establecer su residencia permanente de verano. En 1890 adquirieron unos terrenos situados sobre las dunas, frente al mar, y encargaron el diseño de una casa-taller al arquitecto Edmond De Vigne, primo de Virginie. La construcción se finalizó en 1891 y fue bautizada como el Typhonium. El edificio, de una arquitectura singular influenciada por la egiptomanía de finales de siglo, se construyó con ladrillo local y presentaba una estructura defensiva contra los vientos marinos. La mudanza a Wissant transformó la vida de la familia y dio origen a lo que se conoció como la Escuela de Wissant, un núcleo de pintores que se reunía en torno a los Demont-Breton para capturar la vida de la comunidad pesquera local. La integración de la familia en Wissant fue total; Virginie participaba en las festividades locales y documentaba en sus notas la fisonomía de los pescadores y sus familias, quienes a menudo posaban para ella. Sus hijas crecieron en este entorno costero, participando activamente en las excursiones por las dunas y en las actividades náuticas de la aldea.
En la década de 1890, Virginie Demont-Breton asumió un papel de liderazgo institucional sin precedentes para una mujer de su tiempo. En 1894, el Estado francés la condecoró con la Cruz de Caballero de la Legión de Honor. Los documentos de su expediente oficial reflejan los informes de los inspectores de bellas artes que destacaban su conducta irreprochable y su éxito comercial y crítico. En 1895, fue elegida presidenta de la Union des femmes peintres et sculpteurs, cargo que ocupó hasta 1901. Desde esta plataforma, inició una lucha administrativa constante por los derechos de las mujeres artistas. Su objetivo era doble: permitir el ingreso de mujeres a la Escuela de Bellas Artes de París y otorgarles el derecho a competir por el Premio de Roma. Virginie redactó numerosas peticiones al Ministerio de Instrucción Pública y se entrevistó con figuras clave de la administración artística. Su persistencia, respaldada por su propia trayectoria intachable, fue determinante para que en 1897 se dictara el decreto que permitía oficialmente el acceso femenino a la Escuela de Bellas Artes, un hito que cambió la estructura educativa del arte en Francia. Posteriormente, en 1903, también se logró la apertura del concurso del Premio de Roma para las mujeres.
Durante este periodo de intensa actividad política, Virginie no descuidó su carrera internacional. En 1893, participó en la Exposición Mundial de Chicago, donde sus obras se exhibieron en el Pabellón de la Mujer y en el Palacio de Bellas Artes. Su presencia en Estados Unidos fue gestionada a través de correspondencia directa con los organizadores, asegurando que el arte francés femenino tuviera una representación de calidad. En 1895, el Estado francés adquirió su cuadro Les petits goélands para las colecciones nacionales, destinándolo inicialmente al Museo del Luxemburgo. En 1896, presentó en el Salón la obra Ismaël, de grandes dimensiones, demostrando su capacidad para abordar temas históricos y bíblicos con la misma precisión que sus escenas de género. En su vida personal, este fue un tiempo de madurez para sus hijas. Louise, la mayor, comenzó su propia instrucción artística bajo la dirección de su madre, siguiendo el modelo pedagógico de aprendizaje en el taller que Virginie tanto defendía frente a las academias.
El inicio del siglo XX trajo nuevos reconocimientos, como la medalla de oro en la Exposición Universal de París de 1900. Sin embargo, los años siguientes estuvieron marcados por sucesos familiares de gran impacto. En 1906 falleció su padre, Jules Breton. Virginie, muy unida a él, se encargó de la gestión de su legado y de la preservación de su correspondencia. Esta pérdida la llevó a pasar más tiempo en Courrières, intentando mantener viva la memoria del taller familiar. En 1913, fue distinguida como Rosati de honor, una distinción cultural de la región de Arrás que celebraba su vinculación con el patrimonio del norte de Francia. Su vida en Wissant continuaba siendo el eje de su estabilidad, aunque la atmósfera en Europa comenzaba a tornarse tensa debido a las crisis diplomáticas previas a la Gran Guerra. En 1914, poco antes del estallido del conflicto, fue promovida al grado de Oficial de la Legión de Honor, un reconocimiento a su trayectoria continuada y a sus servicios al arte nacional.
El estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914 alteró drásticamente su existencia. Su localidad natal, Courrières, fue ocupada por las tropas alemanas en octubre de ese año. La casa familiar fue requisada y sufrió graves daños estructurales, perdiéndose gran parte del archivo que allí se custodiaba. Virginie y su marido permanecieron en el Typhonium en Wissant durante gran parte del conflicto. A pesar de la cercanía del frente, la pintora se involucró en labores de asistencia social, colaborando con la Cruz Roja y proporcionando ayuda a los soldados y refugiados que pasaban por la zona de la costa. Durante estos años, su producción artística disminuyó en favor de una actividad literaria más íntima. En 1920, publicó el libro de poemas "Tendresses dans la tourmente", donde plasmó sus impresiones sobre la devastación de su región natal y el dolor causado por la guerra. Tras el armisticio, dedicó gran parte de sus recursos y energía a la reconstrucción de las propiedades familiares en el norte de Francia, un proceso que fue lento y costoso.
En la década de 1920, con más de sesenta años, Virginie Demont-Breton se embarcó en su proyecto literario más ambicioso: la redacción de sus memorias completas. Bajo el título "Les maisons que j’ai connues", publicó cuatro volúmenes entre 1926 y 1930. Esta obra constituye un registro fáctico detallado de su vida y de la sociedad artística de su tiempo. En el primer volumen, describe con minuciosidad la casa de Courrières y la vida cotidiana en el taller de su padre durante el Segundo Imperio. El segundo volumen se centra en sus años de formación y su matrimonio con Adrien Demont. El tercero está dedicado íntegramente a la construcción del Typhonium y a sus vivencias en Wissant, detallando incluso los materiales utilizados y las anécdotas con los constructores locales. El cuarto volumen recoge sus reflexiones finales sobre su carrera y la evolución de los derechos de las mujeres. En 1928, sufrió la pérdida de su esposo, Adrien Demont, quien falleció tras una larga enfermedad. La viudez la llevó a recluirse más en Wissant, donde continuó pintando a pesar de que su vista empezaba a deteriorarse.
Sus últimos años transcurrieron entre su apartamento de la calle de Courcelles en París y el Typhonium. A pesar de los problemas de salud derivados de su avanzada edad, mantuvo una correspondencia activa con la Union des femmes peintres et sculpteurs y con sus hijas y nietos. Sus notas finales indican que dedicaba las mañanas a la lectura de periódicos y las tardes a revisar sus diarios personales. Su hija Louise, que también se había consolidado como pintora bajo el nombre de Demont-Breton, la acompañó frecuentemente en este periodo. Virginie Élodie Marie Thérèse Demont-Breton falleció el 10 de enero de 1935 en su domicilio de París. Su muerte fue recibida con honores oficiales y fue enterrada en el cementerio de Montparnasse, en una tumba que comparte con Adrien Demont. Los registros de su testamento muestran que legó parte de su colección y documentos a instituciones locales de Arrás y Wissant, asegurando que el Typhonium permaneciera como propiedad familiar.
La biografía de Virginie Demont-Breton se caracteriza por una transición constante entre la tradición académica del siglo XIX y las reformas institucionales del siglo XX. Su vida adulta estuvo marcada por la capacidad de gestionar simultáneamente una carrera de éxito internacional, una familia numerosa y una presidencia institucional que alteró las leyes de educación en Francia. Su residencia en Wissant sigue en pie como un monumento histórico que atestigua su preferencia por el paisaje del norte, y su tumba en París señala el final de una trayectoria dedicada por entero a la profesionalización del arte femenino. Su labor no se limitó a la ejecución de cuadros de gran formato que hoy se encuentran en museos de Francia y otros países, sino que se extendió a la creación de un marco legal que permitió a las futuras generaciones de artistas acceder a la formación que ella tuvo que recibir de forma privada.