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Biografías: Pierre-Auguste Renoir (1841-1919)


Foto, 1875

Pierre-Auguste Renoir nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges, en el centro de Francia. Fue el sexto hijo de Léonard Renoir, sastre, y de Marguerite Merlet, costurera. La familia pertenecía a un entorno artesanal modesto y dependía de un trabajo constante para subsistir. En 1844, cuando Pierre-Auguste tenía tres años, los Renoir se trasladaron a París, donde se establecieron en el barrio de los Halles. Allí transcurrieron su infancia y adolescencia, en un ambiente popular marcado por el trabajo manual y la vida urbana.

Desde edad temprana mostró facilidad para el dibujo y una inclinación natural por las actividades visuales. Sus padres, conscientes de la necesidad de que aprendiera un oficio, lo colocaron a los trece años como aprendiz en un taller de pintura sobre porcelana. En ese taller decoraba platos y otros objetos con motivos florales y escenas ornamentales repetidas. El trabajo era exigente y mal remunerado, pero le proporcionó una práctica intensiva del dibujo y del uso del color. Paralelamente, asistía a clases nocturnas de dibujo para perfeccionar su formación básica.

Corona de rosas, 1858

A finales de la década de 1850, la introducción de procesos industriales provocó el cierre del taller donde trabajaba. Renoir se vio obligado a buscar otros empleos similares, como la decoración de abanicos y de tejidos, actividades que le permitieron mantenerse económicamente mientras continuaba dibujando de forma constante. Durante estos años, su formación fue esencialmente práctica y autodidacta, sostenida por el trabajo diario y el estudio personal.

En 1862 logró reunir los recursos necesarios para ingresar en la École des Beaux-Arts de París y fue aceptado en el taller de Charles Gleyre. Allí conoció a Claude Monet, Alfred Sisley y Frédéric Bazille, con quienes entabló una relación estrecha basada en la convivencia cotidiana, el intercambio de ideas y la ayuda mutua. Los cuatro compartieron estudios, modelos y, en ocasiones, alojamiento. Durante este período, Renoir acudía con frecuencia al Louvre para copiar obras de maestros antiguos, una práctica habitual en la formación académica de la época.

El regreso de la fiesta en bote, 1862

La situación económica de Renoir durante la década de 1860 fue inestable. Dependía en parte del apoyo de su familia y de la ayuda ocasional de amigos. Presentó obras al Salón de París entre 1864 y 1869, con resultados irregulares. Algunas fueron aceptadas, lo que le permitió cierta visibilidad, mientras que otras fueron rechazadas.

En 1868 inició una relación sentimental con Lise Tréhot, una joven que frecuentaba su entorno. La relación se prolongó durante varios años y dio lugar al nacimiento de al menos dos hijos. Estos hijos no fueron reconocidos legalmente por Renoir y permanecieron fuera de su vida pública, un hecho documentado en correspondencia y registros posteriores. La relación terminó a comienzos de la década de 1870.

En 1870, con el estallido de la guerra franco-prusiana, Renoir fue movilizado y sirvió en un regimiento de caballería. Su experiencia militar fue breve, ya que contrajo disentería y fue licenciado por motivos de salud. Tras la guerra y los acontecimientos de la Comuna de París, regresó a una ciudad profundamente alterada por el conflicto. La muerte de Frédéric Bazille en combate supuso una pérdida personal importante.

Durante los primeros años de la década de 1870, Renoir vivió en condiciones precarias. Cambiaba con frecuencia de alojamiento y dependía de pequeños encargos y de la ayuda de su entorno cercano. En 1874 participó en la primera exposición colectiva organizada al margen del Salón oficial, junto a Monet, Degas, Pissarro y otros artistas. Estas exposiciones continuaron en los años siguientes, pero no le proporcionaron beneficios económicos inmediatos ni estabilidad financiera.

El palco, 1874

A lo largo de esta etapa, Renoir mantuvo una vida social activa dentro de los círculos artísticos de París. Frecuentaba cafés y reuniones donde establecía contactos con críticos, coleccionistas y marchantes. A finales de la década de 1870, su situación comenzó a mejorar gracias al apoyo del marchante Paul Durand-Ruel, quien empezó a adquirir y comercializar sus obras de forma regular. Este vínculo le permitió acceder a un mercado más amplio, tanto en Francia como en el extranjero, y le proporcionó ingresos más constantes.

En 1881 realizó un viaje a Argelia, seguido poco después por un viaje a Italia. En Italia visitó Venecia, Florencia, Roma y Nápoles, donde permaneció varias semanas. Tras su regreso, alternó su residencia entre París y diversas localidades del campo francés, buscando entornos más tranquilos para trabajar. Durante la década de 1880, su situación material mejoró de manera progresiva, lo que le permitió viajar con mayor libertad y mantener un nivel de vida más estable.

A comienzos de esa década conoció a Aline Charigot, una joven modista originaria de Essoyes. La relación se consolidó con el tiempo y Aline se convirtió en su compañera estable. En 1885 nació su primer hijo, Pierre Renoir. Aunque no estaban casados en ese momento, Renoir asumió plenamente su papel en la vida familiar. En 1890 contrajo matrimonio con Aline, formalizando una relación que ya llevaba varios años. En 1894 nació su segundo hijo, Jean Renoir, y en 1901 el tercero, Claude, conocido familiarmente como Coco.

Durante la década de 1890, Renoir alcanzó un reconocimiento sostenido. Sus obras comenzaron a integrarse en colecciones públicas y privadas, y participó en exposiciones internacionales. A pesar de esta estabilidad profesional, su salud empezó a deteriorarse. A finales de la década aparecieron los primeros síntomas de una enfermedad reumática crónica, posteriormente identificada como artritis reumatoide, que fue limitando progresivamente su movilidad.

A comienzos del siglo XX, buscando un clima más favorable para su salud, se trasladó con su familia al sur de Francia. Tras varias estancias, se estableció definitivamente en Cagnes-sur-Mer, donde adquirió en 1907 la propiedad conocida como Les Collettes. Allí pasó la mayor parte de sus últimos años. La casa se convirtió en el centro de la vida familiar, y Renoir contó con la ayuda de asistentes a medida que su enfermedad avanzaba.

En 1915 falleció su esposa Aline, tras veinticinco años de matrimonio. Su muerte afectó profundamente a Renoir, que quedó viudo y pasó a depender en mayor medida del apoyo de sus hijos y del personal doméstico. Durante la Primera Guerra Mundial, sus hijos Pierre y Jean fueron movilizados; Jean resultó herido en combate, aunque sobrevivió. Claude, el menor, permaneció en el hogar debido a su edad.

En los últimos años, la artritis había deformado gravemente las manos de Renoir y limitaba severamente su movilidad. A pesar de ello, continuó trabajando con ayuda constante y mantuvo contacto con marchantes y visitantes. En 1919 realizó un último viaje a París para visitar el Louvre, donde pudo ver una de sus obras incorporada a una colección pública. Poco después regresó a Cagnes-sur-Mer.

Pierre-Auguste Renoir murió el 3 de diciembre de 1919, a los setenta y ocho años de edad. Fue enterrado junto a su esposa en el cementerio de Essoyes, localidad vinculada a la familia de Aline y a la que había estado unido durante décadas.


Resumen de los libros “Renoir”, de François Daulte; “Renoir: His Life, Art, and Letters”, de Barbara Ehrlich White; y “Renoir”, de Jean Leymarie.




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