Giuseppe Pellizza nació el veintiocho de julio de mil ochocientos sesenta y ocho en el municipio de Volpedo, en la provincia de Alessandria, dentro de la región del Piamonte. Sus padres fueron Pietro Pellizza y Maddalena Cantù, quienes conformaban un núcleo familiar de pequeños propietarios de tierras agrícolas solventes, dedicadas de forma primordial al cultivo de viñedos y árboles frutales en la zona del río Curone. Esta desahogada situación económica familiar facilitó que el joven Giuseppe no tuviera que dedicarse a las labores del campo y pudiera cursar estudios primarios y comerciales en la localidad de Castelnuovo Scrivia.
En el año mil ochocientos ochenta y tres, tras evidenciar una clara aptitud para el dibujo técnico y la geometría, se mudó a la ciudad de Milán gracias al sustento económico paterno, matriculándose formalmente en la Academia de Bellas Artes de Brera. En esta institución permaneció hasta el año mil ochocientos ochenta y siete, asistiendo con regularidad a las clases de pintura impartidas por el maestro Giuseppe Bertini, período durante el cual financió su residencia en pensiones milanesas mediante los giros de dinero mensuales enviados por sus progenitores. Al concluir su formación en Brera en el verano de mil ochocientos ochenta y siete, Pellizza planificó un viaje de estudios a Roma e ingresó en la Academia de San Luca en el mes de septiembre de ese mismo año. No obstante, la insatisfacción con los métodos académicos de enseñanza romanos y diversos problemas de salud derivados de las condiciones ambientales de la ciudad lo impulsaron a rescindir su matrícula en enero de mil ochocientos ochenta y ocho. De inmediato, se trasladó a Florencia para incorporarse a las aulas de la Academia de Bellas Artes de la ciudad toscana, donde se convirtió en discípulo directo de Giovanni Fattori en la escuela de paisaje y desnudo.
Durante esta etapa florentino-toscana, el pintor alquiló un pequeño alojamiento y distribuyó su tiempo entre las clases oficiales y el estudio pormenorizado de las colecciones históricas de las galerías locales. Hacia el otoño de mil ochocientos ochenta y ocho, insatisfecho aún con ciertos aspectos de su técnica de representación de la figura humana, decidió trasladarse nuevamente, esta vez a la ciudad de Bérgamo, con el fin de ingresar en la Academia Carrara bajo la dirección de Cesare Tallone, cuyas lecciones de retrato consideraba fundamentales para su desarrollo profesional. Residió en Bérgamo hasta los primeros meses de mil ochocientos noventa, gestionando de forma autónoma el envío de sus primeros trabajos acabados a certámenes artísticos oficiales en Milán y Génova, cubriendo los costes de transporte y materiales con el dinero proveniente de los rendimientos de la explotación agrícola de su familia en Volpedo, lugar al que regresó de forma definitiva al finalizar este extenso periplo formativo por la península italiana.
Tras su retorno definitivo a Volpedo en la primavera de mil ochocientos noventa, Pellizza se instaló en la vivienda de sus padres y comenzó a planificar una estructura de trabajo autónoma que lo desligara de las dependencias académicas. Un acontecimiento fundamental en su biografía civil ocurrió el veintidós de noviembre de mil ochocientos noventa y dos, cuando contrajo matrimonio formal con Teresa Bidone, una joven residente de Volpedo que carecía de fortuna personal pero que asumió de inmediato la gestión administrativa del hogar y se convirtió en su modelo fija para múltiples proyectos.
En mil ochocientos noventa y tres, con el objetivo de ejecutar lienzos de grandes dimensiones que requerían una iluminación constante y cenital, el pintor invirtió una parte sustancial de los fondos familiares en la construcción de un gran taller exento, edificado en los terrenos traseros de la finca de sus progenitores. La estabilidad doméstica se consolidó el treinta de julio de mil ochocientos noventa y tres con el nacimiento de su primera hija, Maria, lo que estrechó sus lazos con la comunidad local. Durante este período, Pellizza intensificó sus contactos comerciales mediante viajes periódicos a Milán, donde entabló una relación profesional crucial con los marchantes Alberto y Vittore Grubicy de Dragon, quienes comenzaron a asesorarlo en la distribución de sus obras y en la adquisición de materiales de pintura específicos importados de Francia y Alemania.
En este contexto de arraigo geográfico y estabilización familiar, ejecutó la pintura titulada "Sul fienile" (en el granero) en mil ochocientos noventa y tres. La realización de este lienzo estuvo directamente ligada a un hito de vecindad, ya que Pellizza tuvo que negociar un contrato de alquiler temporal con un agricultor del pueblo para ocupar un pajar real durante meses, instalando andamios complejos y alterando la rutina de almacenamiento de forraje de la comunidad para poder pintar la escena del entierro campesino del modo más fidedigno posible. Este esfuerzo financiero y logístico fue cubierto en su totalidad por los ingresos agrícolas de la hacienda de su padre Pietro, quien continuaba administrando los viñedos familiares, permitiendo al artista trabajar sin la presión inmediata de vender sus piezas en el mercado abierto para asegurar el sustento diario de su esposa e hija.
El intervalo comprendido entre mil ochocientos noventa y cinco y mil novecientos uno estuvo definido por la inmersión del pintor en los asuntos públicos de su comunidad y el prolongado esfuerzo logístico para materializar su obra social más ambiciosa. Pellizza se integró activamente en la estructura civil de Volpedo al ser elegido concejal del ayuntamiento local, participando además en los comités organizativos de la Sociedad Obrera de Mutuo Socorro, una entidad dedicada a la protección económica de los braceros de la comarca. En el plano familiar, el treinta de julio de mil ochocientos noventa y siete nació su segunda hija, Nerina, lo que aumentó los gastos corrientes de su hogar en un momento de fuerte inversión en materiales de gran formato.
Los graves disturbios políticos de mayo de mil ochocientos noventa y oro en Milán, donde las tropas del general Bava Beccaris causaron una masacre al disparar contra los obreros que protestaban por el precio del pan, conmocionaron profundamente al artista y alteraron el rumbo de su trabajo en el taller. Pellizza decidió abandonar los bocetos previos de sus composiciones tituladas "Ambasciatori" y "Fiumana" para volcarse en la ejecución de un nuevo lienzo monumental que se denominaría "Il Quarto Stato". Este proceso requirió una reconfiguración completa de la economía doméstica del pintor, quien transformó la plaza Malaspina de Volpedo en un estudio al aire libre durante las estaciones de verano. Para poblar la vanguardia del cuadro, Pellizza contrató a decenas de jornaleros, campesinos y mujeres del pueblo, incluyendo al bracero Giovanni Zarri como la figura central masculina y a su propia esposa Teresa con su hija en brazos como la figura femenina. El artista les abonaba un jornal diario fijo en efectivo de su propio bolsillo para compensar las jornadas de trabajo que perdían en las cosechas agrícolas locales, lo que generó un flujo constante de dinero hacia las familias trabajadoras de Volpedo, pero redujo drásticamente el capital líquido acumulado por el pintor y causó tensiones financieras que resolvió mediante préstamos internos y la venta de parcelas de tierra familiar.
La culminación de su esfuerzo monumental coincidió con el inicio de una etapa de desilusión profesional y colapso familiar que marcó los últimos años de su existencia. En la primavera de mil novecientos dos, Pellizza trasladó el lienzo de Il Quarto Stato a Turín para presentarla en la Cuadrienal de Arte, pero la obra fue ignorada por los jurados oficiales, no recibió galardones y fue rechazada por los compradores institucionales, lo que truncó sus expectativas de recuperar el dinero invertido en los salarios de los modelos obreros. Buscando reorientar su carrera y encontrar nuevos canales de ingresos para el mantenimiento de sus hijas, el pintor inició un período de desplazamientos geográficos recurrentes. Viajó a París para examinar las corrientes de la Exposición Universal y recorrió diversas localidades de Suiza y el norte de Italia antes de tomar la decisión, en mil novecientos seis, de trasladar su centro de operaciones a Roma. Alquiló un taller y vivienda en la Via del Babuino, manteniendo una correspondencia regular con su esposa en la que manifestaba su preocupación por el elevado precio de los alquileres y la escasez de encargos retratísticos remunerados en la capital.
Esta experiencia romana se interrumpió abruptamente a principios de mil novecientos siete debido a las complicaciones en el embarazo de Teresa, lo que forzó el regreso inmediato del pintor a Volpedo. El desenlace trágico se encadenó con rapidez: el tercer hijo de la pareja, un varón al que pensaban llamar Pietro, falleció a las pocas horas de su nacimiento en el estudio familiar, y pocos días después, el diecinueve de mayo de mil novecientos siete, Teresa Bidone murió a los treinta y ocho años víctima de la fiebre puerperal derivada del parto. La pérdida consecutiva de su compañera y de su hijo varón, sumada al aislamiento comercial de su obra y a la acumulación de deudas de sus estancias fuera del Piamonte, quebraron de forma irreversible el estado psicológico del artista.
Tras pasar varias semanas recluido en su taller redactando testamentos, ordenando minuciosamente su correspondencia epistolar con los marchantes Grubicy y catalogando las telas terminadas, Giuseppe Pellizza falleció el catorce de junio de mil novecientos siete al suicidarse por ahorcamiento dentro de su propio estudio en Volpedo, dejando a Maria y Nerina bajo la custodia de sus parientes maternos.